Comparar dos milagros:
Hemorroísa:
Texto del Evangelio (Mt 9,18-26):
En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un
magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven,
impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus
discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce
años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí:
«Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo:
«¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento.
Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.
Mudo endemoniado:
Texto del Evangelio (Mt 9,32-38):
En aquel tiempo, le presentaron un mudo endemoniado. Y
expulsado el demonio,
rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual
en Israel». Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa
a los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».


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